Ocurrió en Paris a las 08:12.

Me despiertan con una palmadita en el hombro y me plantan en todo el careto una placa de la policía de aduanas Francesa. Son 3 maromos con cara seria y tras identificarse me piden la documentación. Yo estoy todo sobao y tardo en reaccionar, ayer casi ni dormí gracias a mi vecino cachondo y Lady Gemidos.

Uno de los agentes me habla en Francés rápido y en voz baja. No le entiendo ni papa. Me disculpo por no haberle entendido y le digo que aunque no hablo bien Francés sé hablar perfectamente en Inglés y también Español (también sé Euskera, pero si oye “Basque” a un mochilero solitario igual se piensa algo raro y perjudicial para mi viaje, así que ni se lo menciono).

Acto seguido, llama a un compañero suyo que habla Español (¡uuuffff! menos mal) y me pregunta qué hago yo allí, de dónde vengo, a dónde voy, me pide el billete del tren, el de InterRail, me pregunta si porto armas, alcohol o tabaco, también a ver si llevo encima en metálico (atención) más de 10.000 €, que si los llevo los tengo que declarar… Yo flipo con la situación. Continuar leyendo »

Ocurrió en Paris a las 07:58.

Me despierto con la alarma del móvil que ya tanto odio, me ducho, recojo mis pertenencias, me visto, bajo a recepción, pago mi estancia, le doy las gracias una vez más al recepcionista, le regalo los 2 billetes de metro que me sobran y me voy en paz.

Metro hacia Gare de l’Est (esta ve no me equivoco) y llego a tiempo para el tren 2809 con destino a Luxembourg, que para mi sorpresa ¡resulta ser un TGV!

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Ocurrió en Paris a las 03:13.

¡Eeeh, no me jodas! Que los cabrones de la habitación de al lado se han puesto a follar y no me dejan dormir.
Mañana ya me dirás con qué careto aparezco en Luxembourg.

…por cierto, ella finge muy mal.

Ocurrió en Paris a las 01:44.

Después de descansar mis maltrechas piennas, continúo el paseo hacia Louvre.

Llego y me reencuentro con la única parte de París que visito en este viaje que ya conocía de antes. La estampa sigue siendo preciosa, merece unas cuantas fotos y un cortísimo vídeo de mí mismo diciendo “París” con el Louvre de fondo.

Satisfecho con lo visto y haciendo caso a los insultos que vienen desde mis pies, decido retirarme a mis aposentos y es que hoy he caminado un montón. Voy pues hacia el metro de Palais Royal – Musée du Louvre. Continuar leyendo »

Ocurrió en Paris a las 18:38.

Salgo de Gare du Nord y me dirijo al sur donde encuentro “O Béret Basque”, una cafetería con terracita como a mí me gustan. El nivel de gentucismo y txusmería ya ha descendido bastante desde Gare du Nord, así que me planto ahí a comer.

Sentado en la terraza y durante un buen rato como, reviso mis billetes, trazo un plan para lo que me queda de semana y disfruto de París pasando delante de mis ojos.
Termino de comer y sigo caminando en dirección sur.

Por el camino pienso en cómo suelen ser las visitas guiadas para turistas: un pastor que lleva a un rebaño de ovejas de un lado a otro es el ejemplo más parecido.
Claro está que ese pastor conoce bien el lugar, o eso se supone. Pero yo soy muy independiente, nunca me ha hecho gracia la idea de seguir al primero que se me ponga delante. Continuar leyendo »

Ocurrió en Paris a las 12:05.

Me despierto todo desparramado en la cama mitrimonial de mi habitación individual estándar Ibis a la hora que me da la gana. Total, nadie me espera. Lástima que sea tan tarde que ya no sirven desayunos en el hotel.
Me desperezo un poco y enciendo mi N810 para reservar una plaza de tren por Internet.

Internet no funciona bien, la conexión va muy lenta las veces que no se reinicia sola.
Intento entrar en la web de SNCF y directamente no funciona. Merde! Tendré que ir a una estación de tren y reservarlos en persona y probablemente esperar en una cola, justo lo que pretendía evitar reservando el billete por Internet.

Bajo a la recepción del hotel y le pregunto a la recepcionista a qué estación debo ir. Intenta mirarlo en Internet y otro tanto de lo mismo. Lo intenta desde su iPhone y tampoco tiene suerte. Orange no se esta portando bien hoy con su servicio WiFri gratuito. Justo llega el relevo de la recepcionista, quien nos saca de dudas: debo ir a Gare du Nord. Continuar leyendo »

Ocurrió en Paris a las 00:10.

Qué a gustito se estaba ahí. En fin, ahora me voy a un bar de Jazz que me recomendó un viejo conocido. Entro en el suburbano por la parada de Voltaire.

El susodicho bar debe estar cerca del cruce de St-Germain con St-Michel. En la linea 4 del metro está Cité antes que Saint-Michel. Es la parada de Ile de la Cité donde está la catedral de Notre Dame con todo su encanto Parisino a la luz de la luna. Me apeo ahí.
No quiero desviarme de mi objetivo, además que esa zona esta infestada de turistas. Y cuantos más turistas, tantos más carteristas. Saco una foto y me piro corriendo de allá. Continuar leyendo »

Ocurrió en Paris a las 21:09.

Hacia las 19:30 salgo a cenar en… me da igual, cualquier sitio que se salga de lo habitual será bueno. Me chupo el dedo, lo alzo y donde diga el viento, allá que voy.

Callejeo un buen rato por el barrio de Menilmonant y descubro gente de todas partes. Bueno, en realidad no descubro, sigo descubriendo porque a la mañana caminaba hacia el hotel entre un salpicón de colores y culturas que daba gusto verlo. Es el lugar más cosmopolita que veo desde que estuve en Londres, pero no me quiero emocionar mucho aún. Estoy seguro que no es lo más impresionante de este viaje.

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Ocurrió en Paris a las 19:30.

“¡Venga gandul, arriba! que de InterRail no se va para dormir”. Ese ha sido mi diálogo interno, tras el cual me he preparado para salir.

Tengo mucho miedo, pues desconozco lo que me espera. No sé qué voy a hacer hoy, ni por dónde iré, o a qué persona extraña o interesante conoceré. Esas mismas preguntas son igualmente válidas para mañana, pasado mañana, y así hasta que caduque el billete de tren que me llevará por toda Europa. Me aterra pensarlo.

Pero lejos de ser un miedica me crezco ante las adversidades, y medio segundo después pienso en el tesoro que tengo delante mio: por primera vez en mi vida puedo inventar cada día a mi antojo, y a lo grande.
Me doy cuenta de que al menos durante 22 días podré hacer lo que me plazca, sin depender de nadie, haciendo una de las mejores cosas que una persona puede hacer: conocer mundo.

Con una emoción que no me cabe en el pecho, compruebo mis pertenencias y me tiro de cabeza a la aventura de mi vida. Continuar leyendo »

Ocurrió en Paris a las 10:00.

Al bajar del tren desayuno con Gabriela y acto seguido nos vamos cada uno por nuestro lado. Acordamos encontrarnos en Viena porque ella también se dirige hacia allá.

Voy paseando por Boulevard de l’Hôpital hasta encontrar una minúscula librería donde me hago con un ejemplar de Pariscope (guía de ocio) por 0,40€. Acto seguido vuelvo sobre mis pasos hasta la entrada de los jardines del museo nacional de historia natural. De ahí cruzo Pont d’Austerlitz y voy callejeando hasta el hotel.

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