Me levanto, recojo las pocas cosas que he sacado de la mochila y bajo a recepción y pagar mi estancia en el hotel. Le doy los buenos días a Khamal en Árabe, y él sorprendido, me los devuelve con una sonrisa. Pago mi estancia y se ofrece para guardarme el mochilón en el hotel. Qué grande es ese chaval.
Voy al metro y me dirijo a las afueras, quiero ver el Atomium, y si me da tiempo los jardines de Laeken.
Ya en el metro, unas paradas más tarde dos chicos se suben en el metro hablando en Español y se sitúan a mi lado, un sitio ideal para hablar con ellos.
Son de Mondragón, y se van a Brujas a pasar el día. Poco más podemos hablar porque llegan enseguida a su parada.
Llego a la parada de Heysel, final de la línea 6. Nada más salir un cartel me indica por donde está el Atomium, me dirijo allí paseando y empieza a llover. El día está gris, desapacible, y no invita a pasear.
Por fin llego a Boulevard du Centenaire, donde se erige majestuoso el Atomium. Es una construcción impresionante, me encanta, le saco unas bien merecidas fotos, y un vídeo antes de intentar entrar.
Para entrar en el Atomium hay que hacer cola, y siendo domingo por la mañana hay muchas familias, ya sabe, con los niños de domingueo. La cola para la taquilla es larga y casi no avanza, después de 10 minutos sin apenas moverme veo que también hay cola en el hall.
Que le den, hoy no quiero perder tiempo, salgo de la cola y vuelvo al metro y pongo rumbo a mi siguiente objetivo: el Manneken Pis.
Vuelvo pues al centro, y empiezo a callejear y me pierdo, al principio adrede, para disfrutar de un paseo por el centro, aunque más tarde me pierdo sin querer. Tardo una barbaridad, pero lo encuentro debajo de una montaña de guiris, pero guiris auténticos: de los de cámara, sandalia y calcetín.
Me voy a un restaurante Italiano a comer espaguetis u otro plato con pasta, que en todo este viaje no he comido pasta y me estoy pateando media Europa.
En el restaurante sólo oigo hablar en Español, ahí ya ni pregunto quién es o no Español, ya no tiene la gracia de oír tu idioma entre una muchedumbre que no lo habla, así pues me limito a comer tranquilamente.
Saco el móvil y voy escribiendo la crónica de ayer mientras me inflo con unos deliciosos tagliatelle. Como hasta casi no poder más, pago y me voy.
Justo enfrente está Brassiers, la cervecería donde conocí dos noches atrás a Mari y Janina (no tie tak). Estuve tan a gusto en ese lugar que no se me ocurre otro sitio donde pasar mis últimas horas en Bruxelles.
Pido una triple, saco el N810 y reservo alojamiento en Berlin. Tardo un montón y casi no me queda tiempo para el tren. Debo darme prisa, de hecho, toda la prisa del mundo.
No corro, vuelo hacia el hotel. Llego sin aliento y sin apenas tener tiempo para despedidas medianamente decentes le pido a Khamal que me de papel y boli, le doy mi emilio y le pido que si va a Euskadi que contacte conmigo.
Un abrazo, buena suerte y a Bruxelles-Midi.
17:08, entro en la parada de metro de Madou.
17:09, llega el metro.
17:13, salgo del metro en la estación de tren.
17:14, pregunto en información dónde está la vía desde la cual sale mi tren.
17:15, contacto visual con el tren.
17:17, el revisor comprueba mi billete y me concede permiso para subir.
17:18, ya tengo asiento…
…17:20, próxima parada Amsterdam.