Me despierto y después de la ducha me seco al aire en la cama mientras entreno mi Francés con dibujos animados.
Saco el plano y decido ver el Parlamento Europeo. Vamonos átomos, no sin antes pasar por los alrededores de Grand Place para comer. Ayer a la noche vi restaurantes que me dieron hambre, y hoy me voy a dar el gustazo.
Me siento en la terraza de un restaurante de comida Griega. Viene el camarero y me pregunta: ¿Qué tal amigo, qué quieres comer? Qué fenómeno el tío. Me ha visto que soy guiri y que vengo de tierras Ibéricas, antes incluso de que yo me diera cuenta de que existía ese restaurante.
Se defiende muy bien en Español y aparte de educado es muy sociable. Me da la carta y elijo plato.
Termino el manjar de hoy y le pido una buena cerveza para disfrutarla sentado a gusto bajo la sombrilla. Hace un calor para morirse, pero yo estoy en la gloria y muy bien atendido. Es el primer sitio donde dejo una propina.
Me despido del campeón que me ha atendido y reanudo mi paseo. Llego a las Galerías Reales de Saint-Hubert y entre el gentío está una mujer con un gorro blanco, con un aspecto estupendo, bien vestida y bien de todo. Es tan guapa que destaca entre la multitud. Menudo regalo para la vista.
Continúo mi visita a las galerías y salgo por la Galería de la Princesa, y de ahí decido poner rumbo al Parlamento Europeo. Saco el plano de la ciudad y calculo la ruta que tengo que seguir: pasaré por Parc de Bruxelles, y luego por Rue de la Loi.
Antes de llegar a Parc de Bruxelles me toca esperar en un semáforo, y adivine quién se para a mi lado a esperar… la belleza anónima del día.
Un “disculpe señorita, bueno días. ¿Podría decirme cómo puedo llegar al Parlamento Europeo?” (en Francés) y dos minutos más tarde, la belleza anónima deja de ser anónima, y de cerca gana mucho más.
Me dice que si no me importa me lo dirá en Inglés, puesto que ella no es de aquí. No me importa en absoluto, ¿de dónde eres?…
Es Katerina, de la República Checa. Hablamos un buen rato y el semáforo para peatones cambia de rojo a verde varias veces, pero no por ello dejamos de conversar.
Le cuento mi viaje, la ruta que tengo planeada y me recomienda un par de lugares en Praha: El puente de Carlos y el castillo que (según ella) debe andar por ahí cerca.
Han pasado veinte minutos desde que he llegado al semáforo y la preciosa Checa se tiene que ir. Me desea buen viaje y me despido dándole un beso en la mano, se lo ha ganado.
Voy hacia Parc de Bruxelles y saco fotos al Palais Royal, residencia oficial del Rey de Bélgica. Cruzo el parque y ya en Rue de la Loi, miro a mi derecha y veo a lo lejos la monumental puerta que preside Parc du Cinquantenaire. Allá que voy.
Es una larga caminata en línea recta, pero larga de coj**es, puesto que tardaré 55 minutos en llevarla a cabo.
Sin darme cuenta paso por al lado del edificio de la Comisión Europea. Ese que aparece en Euronews cada dos por tres y que tanto merece una foto, para que cada vez que lo vea por la tele en mi cabeza retumbe: “jejeje, ¡¡estuve ahí!!”. Estoy tan cansado que no lo reconozco y olvido sacarle una foto.
Sigo caminando, mis pies comienzan a insultarme. Sigo caminando y Parc du Cinquantenaire aún se ve lejos. No siento mis piernas, empiezo a quejarme y a hablar solo. Lo más inteligente que sale de mi boca es “jodidoo”.
Después de un largo y tedioso paseo llego al fin para alegría de is ya maltrechas articulaciones pierniles. Me ha costado llegar casi una hora de paseo, viendo mi objetivo en todo momento pero sin que pareciera acercarme. Estaba ahí, a lo lejos, como si fuera un espejismo que no lograba alcanzar por mucho que caminara.
Ha sido agónico, pero he llegado.
Veo a la gente tumbada en el césped, y no voy a ser menos. Me descalzo, me quito la camiseta y al tumbarme una serie de crujidos en cadena recorren mi cuerpo desde los pies, por la espalda, hasta el cuello.
No puedo reprimir un “nnaaaaaaaaaaaahhh”, un grito que comienza siendo de dolor, pero cuando me tumbo completamente se convierte en un grito de placer.
Suena música house, muy buena, por cierto. Es una sesión, suena bien alto y bastante cerca. No parece que sea del móvil de alguien cercano o de un coche pasando. Me puede la curiosidad pero primero descansaré, aunque sea por 5 minutos.
Me acerco y es una fiesta al aire libre: con un toldo, un generador, una mesa de mezclas, altavoces medianamente potentes y un portátil ponen la música. Y al lado, una mesa y tropecientas latas de cerveza que pone pedo.
No veo a más de 50 personas. Me acerco al mayor grupo y pregunto: ¿porqué esta fiesta? Y uno me responde que la organizan todos los sábados. Pero esa gente no parece muy sociable, así que antes de que nadie se sienta molesto por mi intrusión me voy de ahí. Estupefacto me dirijo al Parlamento.
Ver vídeo: Fiesta Techno en Parc du Cinquantenaire [22 seg.]
Estoy tan sumamente cansado que al hablar parezco Jack Sparrow borracho y con la lengua anestesiada, lo cual es un engorro para preguntar direcciones en un idioma que no tengo completamente bajo control.
Después de 20 minutos callejeando tengo la foto que quería: el Parlamento Europeo.
Pregunto por el metro más cercano porque ya paso de caminar y me voy al hotel. Ahora sí que necesito descansar.
Llego al hotel y pido mi llave al recepcionista, con quien mantengo una breve conversación y nos presentamos formalmente. Se llama Khamal y es Marroquí, y me hace reír igual que ayer.
Me retiro a mis aposentos.
Me ducho, me tiro en la cama y hago zapping. Emiten Jurassic Park en Inglés subtitulado en Balón. Dejo la película con intención de verla entera, y pienso en la edad que tendría la última vez que la vi. Reflexiono sobre ello y me pregunto: ¿Quién me iba a decir a los 13 años, que la siguiente vez que viera esa misma película sería en Inglés y en Bruxelles?