Salgo de la estación de tren y lo primero que hago es dirigirme al punto de información turística de la estación para hacerme con un plano de la ciudad e información sobre el transporte público. La señora que me atiende me muestra el plano y me indica dónde estamos y dónde está el centro de la ciudad.
Principios básicos para Trotamunders:
En toda ciudad turística que se precie es muy probable que haya un punto de información en sus estaciones de tren y/o bus, ahí te dirán lo que necesites saber para empezar tu visita. Hay 2 cosas que son imprescindibles: planos de la ciudad y de los medios de transporte más usados. Otra información que no sobra es la agenda de los próximos días con la oferta de ocio del lugar.
Cuando estaba en París e hice la reserva del hotel vi que la ciudad de Luxemburgo no era muy grande, pero según este plano, es más pequeña todavía. Me temo que los dos días que durará mi estancia aquí van a ser demasiado tiempo para ver tan poca ciudad.
Saliendo de la estación veo bocadillos de salchicha y demás longanizas en el mostrador de la cafetería y por la pinta que tienen me quitan el poco hambre que podía traer de la ciudad de la luz. Antes que comer uno de esos bocadillos me como una ensalada del MacDonals.
Sí, lo sé. No es comida de verdad, pero aún y todo la prefiero.
Fuera de la estación sigo las indicaciones que anoté en mi cuaderno de viajes. Según la página de Internet está a 20 metros en Rue Joseph Junck, y es mentira, son 200.
En recepción no hay nadie. “Bonjour?” -pregunto-. Ni caso. Me fijo en el mostrador no puedo creer lo que ven mis ojos: ¡tienen la típica campana de recepción de hotel! esa que sale en las películas que la presionas y hace el conocidísimo ¡diiing!… me veo personalmente, moralmente, sesualmente y democráticamente obligado a utilizarla.
¡DIIING!… Aparece el recepcionista y procede a registrarme en el hotel. Ya tengo tres días de entrenamiento intensivo de Francés y cada vez se me hace menos difícil hablarlo.
Una vez finalizado el registro, me voy a mi habitación: allí compruebo que todo esté en orden y dejo mis pertenencias.
Me pongo el gorro de baño, me subo al trampolín, me tiro de cabeza a la cama, y me hago un par de largos antes de caer rendido por el sueño acumulado porque ya no puedo ni con mis caninos.
¡Hasta luego Lucas!