Ocurrió en Lëtzebuerg a las 21:36.

En pleno ataque de los tunos, termino mi birra, reviso el mapa y me voy a ver el casco antiguo.

Al final de Rue du Curé veo vallas que delimitan el trazado de la carretera, parece que definen un recorrido, pero no sé con qué fin. Le pregunto a un ancianete para qué es ese recorrido y me dice que es para un homenaje al Tour de France.
Voy calle abajo y veo cada vez más gente tomando posición en las vallas, sigo y hay cada vez más gente, voy más abajo y veo a lo lejos un arco azul hinchable como los de las carreras del Tour con el logo de Luxembourg. Más gente, aplausos, ambiente… esto promete.

Me hago con un hueco y preparo la cámara, a lo lejos oigo griterío, se acerca una moto de la cadena RTL, salgo en la televisión Alemana. Pasan 3 minutos y la gente grita otra vez: vienen los ciclistas.
¡Son niños!: minibicicleteros de no más de 7 años. Yo continúo con el alucine que comenzó con los tuneros afrancesados.

Ver vídeo: Carrera cilcista infantil en Luxembourg (2009/07/30)

Ver vídeo: Carrera cilcista infantil en Luxembourg (2009/07/30) [24 seg.]

Visto lo visto, sigo con mi paseo. Callejeo por el casco antiguo entre edificios de arquitectura del siglo XVI: Grand Rue, Rue du Saint-Espirit, Rue de la Congrégation me regalan un agradable paseo entre edificios que rezuman historia, y yo no la conozco, aún. Es una auténtica gozada para la vista.

Media hora después me dirijo hacia una zona más moderna de la ciudad, en la que se encuentra la estación de tren y, por ende, mi hotel. Ya he paseado por ahí pero tomo otra ruta que al final me lleva a la zona residencial. No hay mucho que ver ahí, así que vuelvo a la estación de tren para ver cómo funcionan las consignas.

Mañana pasaran 6 horas desde que deje el hotel hasta que suba al tren, y con mochila seré un guiri lento y cansado. Ni hablar del peLukín.
Compruebo que el funcionamiento de las consignas es más sencillo que el mecanismo de un chupete, y vuelvo a pasar el resto de la tarde en el hotel escribiendo. No quiero andar más porque si no acabaré de ver lo que me reservo para mañana.

Vuelvo a la chambre 202, vuelvo a la soledad. Menos mal que me traje mis juguetitos para navegar decentemente por Internet. Me conecto con mi gente y no me siento tan solo.

Viendo la tele me doy cuenta de que cada vez hay más canales en Alemán. No entiendo nada y me da miedo: ni siquiera sé decir “disculpe, no le entiendo”. Creo que de Bruxelles en adelante me voy a cagar con la barrera idiomática.

Tengo sueño, y en la tele emiten Constantine en Francés, es perfecto, así aprendo un poco. Mañana dejo el hotel.

Ver todas las fotos de esta historia »

Escribe un comentario

Tu e-mail nunca será publicado o compartido. Los campos con * son obligatorios.
*
*
Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>