Qué a gustito se estaba ahÃ. En fin, ahora me voy a un bar de Jazz que me recomendó un viejo conocido. Entro en el suburbano por la parada de Voltaire.
El susodicho bar debe estar cerca del cruce de St-Germain con St-Michel. En la linea 4 del metro está Cité antes que Saint-Michel. Es la parada de Ile de la Cité donde está la catedral de Notre Dame con todo su encanto Parisino a la luz de la luna. Me apeo ahÃ.
No quiero desviarme de mi objetivo, además que esa zona esta infestada de turistas. Y cuantos más turistas, tantos más carteristas. Saco una foto y me piro corriendo de allá.
Voy paseando por el barrio latino, con paso firme y decidido haciendo caso omiso de los reclamos de cada restaurante, caricaturistas callejeros.
Me pierdo un poco, y luego un poco más. Y perdiéndome yo solo llego a una fuente preciosa que bien merece una foto.
Saco el plano para ver dónde estoy muy a mi pesar.
Principios básicos para Trotamunders:
Si te pierdes estás en una incómoda situación de inferioridad, eres el animal débil de la manada. Si no andas con ojo alguien con malicia puede aprovecharse de esa situación.
Ya lo habÃa mirado antes, pero mi orientación me está fallando, sobre todo en este sitio que no conocÃa, está lleno de gente y además ya es de noche. No quiero pararme en ningún sitio a mirar el plano, no entre tanto guiri. Seguro que hay algún carterista al acecho.
Al otro lado de la calle hay una parada de autobús, y en ella se encuentra una señora anciana con cara de buena persona.
Principios básicos para Trotamunders:
Si necesitas ayuda, pÃdesela a alguien que no parezca tener malicia, o que no parezca que quiera o pueda aprovecharse de ti.
Le pregunto a la señora por el cruce de Saint-Michel con Saint-Germain y ella, con el calor humano de sólo una abuela tiene, muy amablemente me indica dónde esta el susodicho cruce. Le agradezco su inestimable ayuda, le doy las buenas noches y me dirijo hacia mi objetivo: el bar de jazz en vivo.
Llego al cruce y no veo nada que se parezca a un bar de Jazz. Semáforo en rojo para peatones. Toca esperar. De pronto oigo que por detrás vienen dos chicas hablando en Español. ¡Oh placer!
Les asalto con un “Disculpen, veo que hablan español. ¿PodrÃan ayudarme?”
El tratamiento de cortesÃa sobraba, pues ellas son jóvenes, pero un servidor tiene clase y glamour, que quieren que les diga.
Les expongo mi problema y acceden a ayudarme, pero una de ellas, Maya, debe ir a reencontrarse con sus padres y no tiene mucho tiempo que perder. La otra, Geraldine, dispone de más tiempo y ganas de ayudarme. Les propongo acompañarlas a donde estén los padres de Maya, y que luego Geraldine me acompañe al bar de Jazz.
Para mi sorpresa acceden sin reticencias.
Sus padres son muy agradables, y tras devolverles a Maya sana y salva le invito a la bellÃsima Geraldine a que me acompañe al bar, y no sólo eso, sino que entre conmigo para invitarle a una cerveza. Es lo mÃnimo que podÃa hacer después de las molestias que se ha tomado para ayudarme.
El bar de Jazz de esconde más de lo que me gustarÃa y al final los dos terminamos en una tÃpica terraza Parisina. Es una minúscula terraza al principio de un callejón. Para mà esta tiene más encanto que la de Boulevard Voltaire.
Pedimos dos medias pintas de algo que quiere ser Guiness pero no lo es, y charlando más a gusto que una cesta de gaticos al lado de una estufa se nos pasa el tiempo volando.
La noche se cierne sobre la ciudad y el metro cerrará en media hora, hay que irse. Ella se dirige a Défense y yo a mi hotel, y todo apunta a que esta noche dormiré solo.
Me despido de ella en un vagón super poblado, le doy mi emilio, dos besos y continúo mi camino de regreso a casa más contento que unas pascuas, pensando en lo gratas que pueden llegar a ser las casualidades de la vida.
Por cierto, si he titulado esta entrada como la primera parte de “casualidades de la vida”, es porque estoy totalmente convencido de que habrá más en lo que me queda de viaje. Sólo espero que sean igualmente buena o mejores.
¡A dormir! Que mañana me espera un nuevo e interesante dÃa.