Ocurrió en Paris a las 18:38.

Salgo de Gare du Nord y me dirijo al sur donde encuentro “O Béret Basque”, una cafetería con terracita como a mí me gustan. El nivel de gentucismo y txusmería ya ha descendido bastante desde Gare du Nord, así que me planto ahí a comer.

Sentado en la terraza y durante un buen rato como, reviso mis billetes, trazo un plan para lo que me queda de semana y disfruto de París pasando delante de mis ojos.
Termino de comer y sigo caminando en dirección sur.

Por el camino pienso en cómo suelen ser las visitas guiadas para turistas: un pastor que lleva a un rebaño de ovejas de un lado a otro es el ejemplo más parecido.
Claro está que ese pastor conoce bien el lugar, o eso se supone. Pero yo soy muy independiente, nunca me ha hecho gracia la idea de seguir al primero que se me ponga delante.

Por ahora llevo casi dos días solo y me va muy bien: estoy haciendo lo que quiero cuando quiero, estoy todo el día inmerso en mis pensamientos y reflexionando.
Definitivamente voy a huir del ambiente embaucador que rodea las zonas más turísticas. No quiero ser una oveja más del rebaño con otras que están tanto o más perdidas que yo. Si me he ido solo con mi mochila es para estar libre todo el tiempo.

Una vez reafirmados mis principios, continúo la caminata. Camino hasta que encuentro un bar del mismo estilo que el Laket de Errenteria, se diferencia por su terraza minúscula y porque hay más negros (sin ánimo de ofender).
Ahí veo un viejete en la terraza con su portátil, y si hay portátiles hay WiFri. Tomo asiento, pido un zumito, el password, y me conecto para publicar todo lo que ayer escribí y no publiqué.

Dos zumitos mas tarde (se estaba como Dios ahí) sigo callejeando hasta un arco Romano en el cruce de Rue du Faubourg Saint-Denis con Boulevard de Bonne Nouvelle. Foto, metro y voy hacia Place de la Concorde.

Salgo de la boca de metro y, oh, que lugar: amplio, majestuoso, importancioso él: Place de la Concorde. Desde ahí se ven la Asamblea Nacional, la torre Eiffel, Grand Palais y Petit Palais, en lontananza asoma el arco del Triunfo y la entrada a Jardin des Tuileries. Es el marco perfecto para hacer fotos como un poseso.

Pos eso, que una vez inmortalizado el momento me voy de paseo por los jardines que empiezan en la place de la Concorde y terminan en el Louvre.

Y ahora permítame que me siente en una silla vacía con el respaldo inclinado a escribir lo acontecido esta tarde, que mis sufridos pies me insultan ya.

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