Al bajar del tren desayuno con Gabriela y acto seguido nos vamos cada uno por nuestro lado. Acordamos encontrarnos en Viena porque ella también se dirige hacia allá.
Voy paseando por Boulevard de l’Hôpital hasta encontrar una minúscula librería donde me hago con un ejemplar de Pariscope (guía de ocio) por 0,40€. Acto seguido vuelvo sobre mis pasos hasta la entrada de los jardines del museo nacional de historia natural. De ahí cruzo Pont d’Austerlitz y voy callejeando hasta el hotel.
Primero por Boulevard de la Bastille hasta la plaza homónima, donde se encuentran una pedazo de columna conmemorativa y la ópera.
De ahí voy por Rue de la Roquette, y en Place Léon Blum giro por Avenue Parmentier, y un poco más adelante giro a la derecha en Rue du Chemin Vert. Continúo hasta el cruce con Rue de la Folie Regnault donde, tatxan! aparece mi hotel.
La caminata de casi 3 Km. ha sido agotadora, más aún teniendo en cuenta la mochila que porto.
Me registro en el hotel con mi deficiente Francés y algo de Inglés, llego a la habitación, me ducho y me echo a dormir un rato, ya que en el tren con los nervios no he descansado bien.
Mientras duermo, sueño que mi cuadrilla viene a visitarme. Al despertar me invade el pánico porque en mi vida he estado tan solo y tan lejos de alguien conocido. Pero a eso he venido, a la aventura.
Por si acaso voy a dormir un poco más, que en el hotel, bajo la manta, no hay peligros que me atormenten.