Ocurrió en Amsterdam a las 23:00.

El viaje en tren no resulta pesado, me da tiempo para ordenar los papeles de las reservas, leer, escribir, dormir pequeñas cabezadas… hasta que entre cabezada y cabezada oigo una voz femenina hablar en Español al otro lado del vagón, me acerco y me presento, les digo lo aburrido que estoy por estar rodeado de gente con la que no sale ninguna conversación y me invitan a quedarme con ellos.

Son Lucio, Lorena y (…me cago en mi mala memoria para los nombres), justo me olvido de la más guapa, morenaza ella.
Van a pasar unos días en La Haya, también conocen Amsterdam y Berlin y me recomiendan sitios que no me puedo perder en sendas ciudades.
No puedo disfrutar de su compañía mucho mas tiempo, puesto que no tardamos mucho en llegar a Den Haag (La Haya) y se van, yo sigo.

Llego a Amsterdam, salgo de la estación donde no hay puntos de información turística disponibles. No me importa ni lo más mínimo, preguntando se llega a Roma, pero yo no voy allí, voy al número 97 de Kloveniersburgwal. Continuar leyendo »

Ocurrió en Bruxelles a las 17:20.

Me levanto, recojo las pocas cosas que he sacado de la mochila y bajo a recepción y pagar mi estancia en el hotel. Le doy los buenos días a Khamal en Árabe, y él sorprendido, me los devuelve con una sonrisa. Pago mi estancia y se ofrece para guardarme el mochilón en el hotel. Qué grande es ese chaval.

Voy al metro y me dirijo a las afueras, quiero ver el Atomium, y si me da tiempo los jardines de Laeken.
Ya en el metro, unas paradas más tarde dos chicos se suben en el metro hablando en Español y se sitúan a mi lado, un sitio ideal para hablar con ellos.
Son de Mondragón, y se van a Brujas a pasar el día. Poco más podemos hablar porque llegan enseguida a su parada.

Llego a la parada de Heysel, final de la línea 6. Nada más salir un cartel me indica por donde está el Atomium, me dirijo allí paseando y empieza a llover. El día está gris, desapacible, y no invita a pasear.
Por fin llego a Boulevard du Centenaire, donde se erige majestuoso el Atomium. Es una construcción impresionante, me encanta, le saco unas bien merecidas fotos, y un vídeo antes de intentar entrar.

Para entrar en el Atomium hay que hacer cola, y siendo domingo por la mañana hay muchas familias, ya sabe, con los niños de domingueo. La cola para la taquilla es larga y casi no avanza, después de 10 minutos sin apenas moverme veo que también hay cola en el hall.
Que le den, hoy no quiero perder tiempo, salgo de la cola y vuelvo al metro y pongo rumbo a mi siguiente objetivo: el Manneken Pis.

Vuelvo pues al centro, y empiezo a callejear y me pierdo, al principio adrede, para disfrutar de un paseo por el centro, aunque más tarde me pierdo sin querer. Tardo una barbaridad, pero lo encuentro debajo de una montaña de guiris, pero guiris auténticos: de los de cámara, sandalia y calcetín.

Me voy a un restaurante Italiano a comer espaguetis u otro plato con pasta, que en todo este viaje no he comido pasta y me estoy pateando media Europa.
En el restaurante sólo oigo hablar en Español, ahí ya ni pregunto quién es o no Español, ya no tiene la gracia de oír tu idioma entre una muchedumbre que no lo habla, así pues me limito a comer tranquilamente.
Saco el móvil y voy escribiendo la crónica de ayer mientras me inflo con unos deliciosos tagliatelle. Como hasta casi no poder más, pago y me voy.

Justo enfrente está Brassiers, la cervecería donde conocí dos noches atrás a Mari y Janina (no tie tak). Estuve tan a gusto en ese lugar que no se me ocurre otro sitio donde pasar mis últimas horas en Bruxelles.
Pido una triple, saco el N810 y reservo alojamiento en Berlin. Tardo un montón y casi no me queda tiempo para el tren. Debo darme prisa, de hecho, toda la prisa del mundo.

No corro, vuelo hacia el hotel. Llego sin aliento y sin apenas tener tiempo para despedidas medianamente decentes le pido a Khamal que me de papel y boli, le doy mi emilio y le pido que si va a Euskadi que contacte conmigo.
Un abrazo, buena suerte y a Bruxelles-Midi.

17:08, entro en la parada de metro de Madou.
17:09, llega el metro.
17:13, salgo del metro en la estación de tren.
17:14, pregunto en información dónde está la vía desde la cual sale mi tren.
17:15, contacto visual con el tren.
17:17, el revisor comprueba mi billete y me concede permiso para subir.
17:18, ya tengo asiento…

…17:20, próxima parada Amsterdam.

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Ocurrió en Bruxelles a las 23:00.

Termina Jurassic Park, y en la comodidad de mi cama dudo entre salir o quedarme. No lo sé, me puede la vagancia.
Dudo durante un rato y al final me repito la frase que ayer me dijo ese gran amigo: “no sabes lo que te puede llegar a ocurrir ahí fuera, pero ya sabes lo que te espera aquí tirado en la cama”.
Me puede la curiosidad, me pongo todo lo guapo que puedo y salgo.

En recepción no hay nadie, dejo la llave en su correspondiente casilla y yendo hacia Grand Place me cruzo con el campeón de recepción, que está tomando unas cervezas con dos amigos más en un bar que hace esquina cerca del hotel.

La edad media del grupo es de 40 años, aunque Khamal no supere la treintena. Les pido permiso para tomarme una birra con ellos y aceptan encantados.
Todos ellos son Marroquíes, pero hablan en Francés y también Inglés. Acordamos hablar en la lengua de Shakespeare puesto que mi Francés me funciona bien, pero no lo suficiente como para mantener una larga conversación. Continuar leyendo »

Ocurrió en Bruxelles a las 17:58.

Me despierto y después de la ducha me seco al aire en la cama mientras entreno mi Francés con dibujos animados.

Saco el plano y decido ver el Parlamento Europeo. Vamonos átomos, no sin antes pasar por los alrededores de Grand Place para comer. Ayer a la noche vi restaurantes que me dieron hambre, y hoy me voy a dar el gustazo.

Me siento en la terraza de un restaurante de comida Griega. Viene el camarero y me pregunta: ¿Qué tal amigo, qué quieres comer? Qué fenómeno el tío. Me ha visto que soy guiri y que vengo de tierras Ibéricas, antes incluso de que yo me diera cuenta de que existía ese restaurante.
Se defiende muy bien en Español y aparte de educado es muy sociable. Me da la carta y elijo plato.

Termino el manjar de hoy y le pido una buena cerveza para disfrutarla sentado a gusto bajo la sombrilla. Hace un calor para morirse, pero yo estoy en la gloria y muy bien atendido. Es el primer sitio donde dejo una propina. Continuar leyendo »

Ocurrió en Bruxelles a las 23:56. Hay 1 comentario »

Saco la camisa negra, la americana y deshago el nudo del pañuelo negro que me protege la calva, lo doblo, lo meto el el bolsillo de la solapa y con toda la elegancia de la que puedo hacer gala con la poca ropa que traigo me voy a la aventura.

Voy paseando por Rue Royal, que está desierto. Pero desierto, desierto del todo. Parece que soy el único superviviente de una epidemia de un virus que haya infectado a media ciudad y que en cualquier momento van a aparecer hordas de zombis que quieran comerse mi cerebro.

Sigo callejeando hacia Grand Place y no veo a nadie, ni siquiera a alguien que me vaya a violar. Vaya mierda. Pasan buses y tranvías, pero nadie caminando. Para ser un viernes por la noche echo en falta gente. Continuar leyendo »

Ocurrió en Bruxelles a las 21:35.

El trayecto desde Luxembourg hasta Bruxelles-Midi lo paso leyendo, mirando el paisaje y durmiendo. 3 horas y tropecientas paradas después, llego a Bruxelles.

Sigo el protocolo establecido: acudir al punto de información y hacerme con los planos de la ciudad y el metro.

La señorita (muy maja ella) me dice los sitios que puedo visitar. Me suelta una retahíla de puntos de interés turístico perfectamente memorizados tras haberlos repetido miles de veces cual mantra. Yo la interrumpo con mil perdones, prefiero descubrirlos solo, sin tener una ruta preestablecida. Quiero disfrutar de este viaje disfrutando del factor sorpresa.

Echo un vistazo rápido al plano y veo que el centro de la ciudad no es muy grande, y echo de menos el Atommium, es lo único que le pido que me indique. Está en las afueras al lado de los invernaderos Reales de Laeken, lugar que me recomienda encarecidamente. Continuar leyendo »

Ocurrió en Lëtzebuerg a las 15:46.

Me cago en la música del móvil, cambiarla no estaría de más… ¡Buenos días, arriba dormilón! Me pongo en pie y me caigo hacia adelante por el peso de mis legañas. Por suerte no estoy tan dormido como para caerme de bruces.
Me ducho, guardo las 4 cosas que saqué ayer en la mochila, entrego la tarjeta y el mando de la tele en recepción y dejo el hotel Yasha.

Voy a las consignas de la estación de tren y comienza una pequeña odisea: La sala de consignas esta vacía y las consignas son automáticas.
Son grupos de 8 habitáculos con cierre electrónico centralizado, cuyo control esta compuesto por una pequeña pantalla, una ranura para insertar monedas, un teclado alfanumérico y un expendedor de tickets.
Hay habitáculos de diferente tamaño, y mi mochila sólo cabe en los más grandes. Hay 2 máquinas (con sus correspondientes 16 consignas) fuera de servicio, eso me deja pocas posibilidades de guardar mis pertenencias. Continuar leyendo »

Ocurrió en Lëtzebuerg a las 21:36.

En pleno ataque de los tunos, termino mi birra, reviso el mapa y me voy a ver el casco antiguo.

Al final de Rue du Curé veo vallas que delimitan el trazado de la carretera, parece que definen un recorrido, pero no sé con qué fin. Le pregunto a un ancianete para qué es ese recorrido y me dice que es para un homenaje al Tour de France.
Voy calle abajo y veo cada vez más gente tomando posición en las vallas, sigo y hay cada vez más gente, voy más abajo y veo a lo lejos un arco azul hinchable como los de las carreras del Tour con el logo de Luxembourg. Más gente, aplausos, ambiente… esto promete.

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Ocurrió en Lëtzebuerg a las 16:54.

Me despierto de la reconfortante siesta con hambre. Me refresco la cara, estudio el plano de la ciudad, cojo mis pertenencias y me voy a conocer Luxembourg. Empezaré por la estación de tren.
Desde la estación voy por Avenue de la Gare y en seguida veo varios locales donde comer. Voy a por mi ensalada.

Entro en el MacDonals y veo que hay sitio para sentarse en una gran mesa para 8 personas, pero con espacio suficiente entre los asientos para que no parezca que comen juntas.
Hago mi pedido en Francés, y me siento en la gran mesa para 8. Voy a beber un trago y descubro que no me han puesto una pajita con mi pedido. “Qué raro. ¿y cómo se dice pajita en Francés?”. Continuar leyendo »

Ocurrió en Lëtzebuerg a las 11:24.

Salgo de la estación de tren y lo primero que hago es dirigirme al punto de información turística de la estación para hacerme con un plano de la ciudad e información sobre el transporte público. La señora que me atiende me muestra el plano y me indica dónde estamos y dónde está el centro de la ciudad. Continuar leyendo »