Viajar a las estrellas con petardos

Antes de la reflexión final, vaya por delante un planteamiento a modo de introducción:

Nuestro planeta gira alrededor del Sol, una pequeña estrella de las aproximadamente entre 200 mil millones y 400 mil millones de estrellas que conforman nuestra galaxia. Casi nada.
La estrella más cercana al Sol se encuentra en el sistema Alpha Centauri que se encuentra aproximadamente a 41,3 billones de km de ti, o dicho de otra forma, tardarías 4,37 años viajando a velocidad luz. Prepara bocata que el viaje es largo.

Ayer estuve viendo un documental titulado “Voyage to Pandora: First Interstellar Space Flight” (de la serie Cosmic Journeys de SpaceRip) en el que se habla sobre la idea de viajar desde la tierra a nuestro vecindario estelar más cercano.

Los cohetes espaciales convencionales, en esencia no difieren mucho de unos sofisticadísimos petardos: la diferencia entre ambos es que el petardo quema su combustible en un instante, y el cohete lo hace de forma controlada durante un tiempo determinado para generar empuje. Para viajar a las estrellas, estos cohetes presentan problemas gordísimos, el primero y más importante es el combustible:
Una nave necesita quemar combustible para generar empuje que mueva su propia masa. Pero en su masa se encuentra también el mismo combustible, o sea que una nave espacial quema combustible para levantar la nave o carga útil y el combustible. A mayor peso de la nave, más combustible necesitará para moverse, y cuanto más combustible lleve, mayor será el peso, y vuelta a empezar. Qué incongruencia ¿no?.

La NASA hizo un estudio para saber si era posible o no un viaje interestelar a Alpha Centauri usando tecnología de cohetes convencional, y suponiendo que el viaje se realizara en 900 años (prepara más bocatas), una nave del tamaño del ya jubilado transbordador espacial necesitaría una increíble cantidad de combustible: 10 elevado a 137 kg.
Ahí las palabras “billones” y “trillones” son tan ínfimas en comparación que dejan de tener sentido; eso es más materia que la que hay en todo el universo visible.

Menudo baile de cifras más liante ¿no? ahora mismo tengo el cerebro quemado de tanto número y comparación. Pero me quedo con la incongruencia de la relación empuje/combustible de los motores espaciales, no me la quito de la cabeza. Es una relación exponencial; eso de mover un peso quemando otra cosa que también pesa lo suyo, y que para mover un peso más grande hace falta más de lo que quieres quemar y además lo tienes que llevar puesto sí o sí… me recuerda a algo muy de moda.
No quisiera confundir el tocino con la velocidad y no es mi intención comparar la ciencia que nos lleva a la exploración del espacio con el mundo financiero, pero cuando leo cifras sobre rescates a bancos también se me marean las neuronas. Sigo:

Cuando se rescata/nacionaliza a un banco o país se le inyecta dinero a raudales, y las cifras que se manejan también son mareantes. De hecho, cada vez son mayores. Se rescató España con 100.000 millones de € —que es un dineral que ni tenemos ni vamos a tener por mucho que nos recortemos por todas partes—. Ese dinero no viene gratis, no: viene a devolver con unos intereses que a la larga harán de esos 100.000 millones unos cuantos miles más dependiendo del tipo que se le aplique. Y por cierto, no vas a ver un chavo, ni siquiera te invitarán a una cañita por las molestias. Tó pa’ ellos.
Hace poco, Daily Telegraph rumoreaba que un rescate a España e Italia costaría 750.000 millones de euros que servirían para empujar hacia adelante un sistema financiero que murió hace mucho tiempo pero que, por lo visto, parece que hay que mantener vivo a toda costa. Por muy muerto que esté no importa; hay que mantener las apariencias y seguir bailando a pesar de que la música se parara mucho tiempo atrás. Mientras tanto, a inyectar más dinero, en cantidades cada vez más grandes, generando más deuda por los intereses, y vuelta a empezar. En una gráfica de dinero/tiempo la curva se parecería mucho a la de una función exponencial. Después de todo no soy tan bueno en matemáticas, pero ¿me equivoco por mucho?.

Insisto en que no es mi intención comparar estos dos mundos: el financiero y el de la ingeniería aeroespacial, pero plantearme una solución a esta crisis me llevaría primero a replantearme el marco de esta crisis y definir bien de qué clase de “crisis” estamos hablando (y nos meten con calzador por cualquier medio).

Si hubiera que viajar a Alpha Centauri habría que usar otros sistemas de propulsión diferentes al de los motores de cohete convencionales. Se barajan motores de propulsión iónica y otras muchas ideas factibles o de ciencia-ficción, pero todas son alternativas a un sistema que por su naturaleza es poco eficiente o ineficaz para alcanzar el objetivo deseado.

Se dice que no hay dinero para nada y para nadie mientras los grandes organismos financieros y los estados juegan a la patata caliente con cifras cada vez más astronómicas, pero no veo que hayan desaparecido los recursos materiales, ni la capacidad de trabajo de la gente y menos aún sus ganas de trabajar o sentirse útiles. Las fábricas siguen donde están, los ríos siguen llevando agua, los minerales siguen esperando a que alguien los saque (o no), y las personas siguen necesitando bienes y servicios que otras personas pueden dar o prestar.
Se pretende hacernos ver que sin dinero nada de eso tendría sentido y que el agujero que se ha hecho por dinero hay que taparlo con un dinero que cada vez viene en mayores cantidades y hará más grande el agujero. Qué incongruencia ¿no?.

Después de todo, quizá ahora no sea el momento de intentar viajar hasta Alpha Centauri y baste con quedarnos orbitando la tierra, o tengamos que dejar de depender de petardos para movernos y empezar a usar sistemas alternativos. O quizá aún necesitemos a esos petardos, pero no pretendamos usar métodos ineficaces para llegar a las estrellas.

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