Vendo miedo fresco a céntimo el kilo (I)

Irrumpe en mi muro de Fréakbook la siguiente imagen:

2014 05 12 - Pseudonoticia amarilla
2014 05 12 – Pseudonoticia amarilla

Transcribo a continuación. Las faltas no son mías:

Atencion ; ayer en primark de área sur una madre perdió al hijo y primark cerró las puertas de la tienda, cuando buscaron, en un probador se encontraron al niño, con una mujer rumana rapando y cambiándolo de ropa. Miiil ojo señores, no t despistes ni un momentito q x encontrar una camisa mona puedes perder a tu niñ@. Pasalo a todo el mundo el q puedas, haber si escarmentamos ya

Semejante tropelía no merecía pasar de largo sin comentarios por mi parte, no me daba la gana. Mi respuesta:

En 9 líneas repletas de faltas de gramática y ortografía se resumen la noticia y la lección del suceso sin demasiadas explicaciones; ni nombres, ni fechas, ni direcciones concretas. “Una madre” —que igual era yonki o igual era tu vecina, no especifica—. Después ni hubo denuncia ni apareció la policía, ni hubo un juicio que se pueda seguir en los medios. ¿O hubo todo eso y no se explica? Entonces no es una noticia bien redactada. Pero además de todo eso, que vamos sólo por la línea 6, viene la lección de escarmiento moral proveniente de “Anónimo” —pues es quien firma la noticia—, y la invitación a compartir para estar alerta ante un hecho tan grave que empieza con un despiste de la madre, pero luego luego la mala es la rumana que siempre va de compras con algo para afeitar niños.

Hace muchos años la noticia que llegó a mis oídos —porque no leí en ninguna parte— era en un aeropuerto, un bebé y dos padres marroquíes que tenían problemas de fertilidad. Como siempre, en las leyendas urbanas (ciertas o no, no lo podemos saber gracias a una redacción tan pésima) el enemigo viene de fuera.

Esta “pseudo-noticia” no pretende informar sino meter miedo gratuito y sin pruebas, para que luego tú vivas con temores inventados —por muy posibles que sean—.
Luego nos quejamos de una sociedad cerrada y poco tolerante.

Gracias, [amiga de facebook] por compartir la noticia. Tus mejores intenciones están detras de esta acción y no me cabe ninguna duda al respecto. Confío en que más adelante sabrás informarte e informarnos con más cautela y rigor.

Cambia el mundo. Tú puedes.

“Es lo que hay”, “yo no puedo hacer gran cosa”, “si no lo hacen quienes tienen que hacerlo, yo menos”… y así hasta mil millones de excusas para quedarte inmóvil ante tantas —tantísimas— injusticias que hacen de este mundo una pesadilla en la que intentamos sobrevivir sin acabar malheridos.

Los grandes cambios en la historia, los días que se recuerdan como puntos de inflexión que han hecho del mundo un lugar mejor de lo que era el día antes, siempre tienen como denominador común una idea; una idea poderosa, una idea justa, una idea necesaria para su momento y lugar.
Hasta que Internet irrumpió en la cultura popular era necesario tener un gran respaldo financiero para realizar proyectos de gran envergadura o calado. Si no, era necesario tener un enorme respaldo de la sociedad civil, cosa que se conseguía con una oratoria que no todo el mundo tiene. En definitiva, el poder de cambiar el mundo, de mejorar lo presente estaba al alcance de muy pocas personas. Y no todas ellas tuvieron la intención, el valor o la convicción de hacer algo porque podían hacerlo y porque era justo y necesario.

Por fortuna, Internet llegó; se creó, se expandió, se popularizó, tanto que tú me estás leyendo en una parte del mundo en la que no vivo en un momento posterior al que yo escribiera estas líneas. Todo eso gracias a un esfuerzo y desarrollo colectivo sin precedentes en la historia y que está llevando a nuevas formas para la organización de las personas y difusión del conocimiento humano.
Ahora, el poder del individuo ya no es el de uno sólo. Para ilustrar este concepto sirva el siguiente cuento:

Hace siglos, un hombre y su hijo pequeño caminaban de vuelta hacia su poblado y advirtieron una piedra muy grande que se había desprendido de la ladera de la montaña y obstaculizaba el paso de los carros de sus vecinos campesinos. El padre miró a su hijo y le propuso que moviera aquella piedra.

-Hijo, ¿puedes mover por favor aquella piedra de ahí? Está bloqueando el paso de los carros y nuestros vecinos que viven de comerciar en el mercado no podrán pasar.
-¡Claro que puedo, papá! —le dijo el niño encantado al saber que iba a ayudar a su padre—.

Presuroso por esta importante tarea se acercó a la piedra y la empujó con sus pequeñas manos. Ésta permanecía inmóvil. Como vio que no podía mover la piedra, le dijo a su padre:

-Papá, no puedo mover la piedra.
-Haz tu mejor esfuerzo —contestó su padre confiado—.

Después de estas palabras, el niño, con nuevos bríos trató de empujar la piedra volcando su pequeño cuerpo con todas sus fuerzas. Al ver que su esfuerzo era en vano, una vez más le dijo exhausto y desanimado a su padre:

-Papá, no puedo mover la piedra.
-Hijo, haz tu mejor esfuerzo —le repitió su padre—.

El niño se puso a pensar y se le ocurrió una idea: fue por una rama caída y la usó para hacer palanca y así conseguir mover la piedra. Lo intentó con vehemencia, y al ver que ni así podía mover la piedra se dirigió a su papá limpiándose las lágrimas.
Su padre al verlo así, tiernamente y antes de darle una valiosa lección, le acarició las mejillas y le volvió a repetir:

-Hijo, te he dicho que hagas tu mejor esfuerzo.
-Pero, papá… ¿cómo? ¡si lo he intentado de todas las formas posibles!.
-Hijo mío, no has hecho tu mejor esfuerzo; tu mejor esfuerzo radica en pedir ayuda, y no me la has pedido.

Entre los dos intentaron mover la piedra; el hijo hacía palanca y su padre empujaba, pero la pesada piedra permanecía inmóvil. Llamaron a unos cuantos vecinos y entre todos consiguieron apartarla y dejar libre el camino.

Cuando no puedas hacer algo después de muchos intentos, realiza tu mejor esfuerzo: pide ayuda.

Hacer del mundo un lugar mejor es una tarea titánica y muy lenta, pero sumando fuerzas se consiguen cambios extraordinarios.
En este año 2013 que ya toca a su fin, con el esfuerzo colectivo de muchas personas, hemos conseguido cambiar muchas cosas a través de Change.org, y en este vídeo resumen algunas de las más notables:

2013, un año de victorias a través de Change.org 2:53 min.

Te has negado a conocer a muchísimas personas interesantes

…y ni siquiera te has dado cuenta.

En la entrevista que enlazo a continuación, Dustin Hoffman habla de una epifanía que tuvo cuando preparaba el personaje de Michael Dorsey/Dorothy Michaels para la película Tootsie.
Cuenta cómo durante los preparativos del film el director le preguntó: “¿cómo serías diferente si hubieras nacido mujer?”.

Un tiempo después, pidió dinero a la productora de la película para hacer pruebas de maquillaje con el fin de confirmar si la caracterización iba a ser suficientemente buena como para que caminando por Nueva York nadie se percatara de que era un hombre travestido o alguien con aspecto extraño. Si no conseguían eso, Dustin y la productora acordaron no rodar la película.
Una vez llegaron al punto de que su aspecto de mujer fuese suficientemente convincente en la pantalla, el propio Dustin se extrañó de no ser más “atractiva”. Dijo: “ahora que parezco una mujer, hacedme parecer una mujer hermosa” —ya que pensaba que si iba a ser una mujer debería ser atractiva, que si iba a ser una mujer querría ser más hermosa—. Entonces desde maquillaje le dijeron: “esto es lo mejor que se puede hacer… es lo más hermosa que podemos hacerte”.

Fue en aquel momento en el que tuvo aquella epifanía. Fue a su casa y hablando con su mujer empezó a llorar y le dijo que quería guardarse ese momento. Su mujer le preguntó por qué, a lo que Dustin respondió:

Porque creo que soy una mujer interesante cuando me miro a mí mismo en pantalla, y sé que si me hubiera conocido en una fiesta nunca le habría hablado a ese personaje porque no cumple físicamente con las exigencias que se nos ha enseñado a pensar que una mujer tiene que cumplir para que le pidamos una cita.

Su mujer le preguntó: “pero ¿qué estás diciendo?”. Él le contestó:

Existen demasiadas mujeres que yo no he tenido la experiencia de conocer en esta vida porque… tenía el cerebro lavado. Aquello nunca fue una comedia para mí.

A continuación el vídeo. Aunque no sepas inglés o no entiendas todo lo que dice, escúchale; mírale cómo habla, cómo cambian su semblante y su voz a medida que va relatando esta historia.

Dustin Hoffman on TOOTSIE and his character Dorothy Michaels 03:11 min.

¿Te ha pasado alguna vez?.

Personas

Soñadoras, con los pies en la tierra.
Sonrientes, que han saboreado amargas lágrimas.
Bondadosas, que desconfían hasta de su sombra.
Amables, con garras afiladas por si acaso.
Alegres, porque saben que curará sus males.
Activas, porque saben que si paran morirán.
Apasionadas, porque la muerte está al acecho.
Exigentes, pero primero consigo mismas.
Generosas, incluso cuando no tienen más que su tiempo.
Pensativas, porque hay muchas cosas que arreglar.
Irreverentes, porque no hay caja donde quepan.
Afortunadas, porque se sienten respirar.
Únicas, porque se resisten a ser una más.
Curiosas, porque todas las respuestas no son suficientes.
Humanas, porque cometen errores.
Personas, porque hay demasiados individuos.

…y en aquel momento comprendí

Volvía tarde a casa en una noche de verano, caminaba solo y no tenía prisa por irme a dormir. Me gustan esos paseos esporádicos y despreocupados en los que no tengo que hablar o interactuar con nadie más; no tengo que escuchar ni pensar en respuesta alguna, ni aparentar, ni ser agradable, ni tampoco desagradable. Caminaba sin pensar en que tenía que caminar, sin pensar en que tenía que llegar a ningún lado. Estaba inmerso en mis pensamientos dando rienda suelta a mis ideas. Mirando sin mirar al suelo.
Y así, a medida que me acercaba lentamente a mi destino, las luces de la ciudad se iban atenuando y yo me sumergía en la oscuridad natural de la noche. Me adentraba lentamente en ella y en mi soledad no la temía.

El suelo que pisaba cada vez era más oscuro y mi curiosidad me hizo alzar la vista. Sin esperarlo me encontré con la oscura grandiosidad del cielo que aguarda más allá de la tierra que pisaban mis pies. Era un inmenso lienzo salpicado por diminutos puntos centelleantes dispersos en el vacío; eran las estrellas, las galaxias, las nebulosas… montones de ellas, tantas que ni en un millón de vidas podría contarlas todas.
Lo que veía era tan sobrecogedoramente impactante que no fui capaz de dar un solo paso más, ni pestañear, tampoco cerrar mi boca abierta. Fui presa de un emocionante escalofrío que recorrió mi espalda pasando por mis hombros y como las garras de un dragón me agarró hasta mis mejillas. En aquel momento yo solo podía observar con mi cerebro a través de mis ojos, el resto de mi cuerpo quedó petrificado. Inmóvil por la impresión tardé en darme cuenta de que tenía que seguir respirando.

De repente mi memoria me llevó a una noche en la que jugaba con una linterna cuando yo era pequeño y jugaba en el jardín de la casa donde crecí. Correteaba moviendo de un lado a otro el haz de luz por el césped, luego por la fachada de la casa hacia arriba y cuando terminaba el tejado ya no podía seguir el rastro de luz. Entonces…

…¿a dónde iba la luz de mi linterna?

Aquella pregunta disparó un interés sobre el espacio y el universo que he ido curando a lo largo de toda mi vida.

20 años después me encontraba solo, al inicio de este relato, atónito ante aquel cielo limpio y negro como el azabache, tan grandioso que me hizo sentir ínfimo en comparación. Entonces empecé a atar cabos con todo lo que a lo largo de mi vida había aprendido y estudiado sobre las ciencias naturales.

Fijé mi mirada en Polaris y mientras la observaba tracé mentalmente el camino de la luz que emitió:
En su interior tuvieron lugar reacciones nucleares que bajo presión y temperaturas colosales transformaron los átomos de hidrógeno en átomos de helio liberando en aquel proceso pura energía en forma de lo que nosotros —simples humanos— percibimos como luz y calor. Aquella energía convertida de la materia atravesó a lo largo de miles de años el cuerpo de esa esfera de gas incandescente y fue despedida de su superficie en todas direcciones. Aquella energía surcó el espacio interestelar serpenteando por el sendero que la gravedad le impuso a capricho durante más de cuatro siglos.
En los últimos cientos de kilómetros de su viaje por el espacio y el tiempo la luz de Polaris fue filtrada y frenada por los gases de la atmósfera de nuestro planeta Tierra, atravesó mi córnea y cristalino y terminó su viaje chocando contra mi retina, que a su vez reaccionó enviando a través de mi nervio óptico un impulso eléctrico a mi lóbulo occipital que me decía que ahí, en algún lugar había una estrella.

Es imposible tocar una estrella y seguir con vida, lo único que podía hacer era observarla maravillado e inmóvil… pero aquella noche Polaris de algún modo me tocó a mí.

El niño curioso que 20 años atrás se preguntó hacia dónde fue a parar la luz de su linterna ya sabía trazar a la inversa el camino que la luz de una estrella había tomado con un nivel de detalle que ni podía imaginar cuando jugaba de noche en el jardín de su casa.

Algo que por aquel entonces también desconocía es que mi cuerpo está formado por billones de células, que a su vez están compuestas por moléculas y estas últimas de átomos. Átomos de elementos químicos que fueron forjados en las entrañas de estrellas como la que estaba observando en ese preciso instante y que tras incontables ciclos cataclísmicos de muerte y renacimiento cósmico habían llegado hasta la nube de gas y polvo de la cual surgieron nuestro Sol y más tarde nuestro planeta Tierra. En 1984 y gracias a otras miles de casualidades, aquellos átomos de procedencia alienígena me formaron a mí.
Todo esto implicaba que aquella lejana estrella y yo estábamos hechos de la misma materia. Todo esto me decía que estábamos conectados por la esencia misma de los átomos que nos componían y daban forma.

Ya de vuelta al lugar en el que me encontraba, aquella imagen tan sobrecogedoramente grandiosa del cielo nocturno de pronto se tornó conocida, familiar incluso. Me di cuenta de que no podía dejar de sonreír aún sintiéndome muy muy muy pequeño, menos que ínfimo, pero siendo parte de algo tan inmenso que apenas podré llegar a comprender jamás.
Estaba mirando desde fuera de la ventana a la morada donde habitaban los mismísimos Dioses de la antigüedad y después de 20 años supe que había vivido toda mi vida en alguna parte de aquella casa.

Todo el conocimiento que adquirí durante toda mi vida se agolpaba en mi cabeza frenéticamente y aquellas piezas de puzle encajaban casi a la perfección para darme una visión global de qué era yo y de dónde venía.
Aquella explicación —basada en siglos de datos fruto de pura investigación científica— era tan poética que me emocionó profundamente, y gracias a ella en aquel momento comprendí cual era mi lugar en el universo.

Después de aquello me fui a dormir complacido sabiendo que a 20 años luz de distancia en alguna parte del cosmos se podría ver un destello procedente de la tierra, de la linterna con la que un niño correteaba por el jardín de su casa.

Los 11 principios de la propaganda de Goebbels

Este artículo está inspirado por @elNota_Lebowski que en un ejercicio de memoria histórica explicó y puso ejemplos actuales de cómo las clases gobernantes a través de sus secuaces mediáticos manipulan la opinión pública, erradican el criterio propio y anulan la capacidad de pensar libremente.

1. Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
4. Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
6. Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.
7. Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.

Esta serie de principios los describió Joseph Goebbels que fue ministro de propaganda de la Alemania Nazi. Sin entrar en apreciaciones morales sobre las consecuencias de la II. Guerra Mundial, hay que reconocer que estos 11 principios supusieron un antes y un después en las tácticas de comunicación de las clases gobernantes hacia el conjunto de la ciudadanía. De hecho, aún hoy estos principios dictan los discursos vacíos de los políticos de primera línea, y por ende, el contenido de la sección de política de periódicos y telediarios.

Repito: tácticas mediáticas de propaganda Nazi para que te sepan mejor la comida y la cena delante del televisor. Así ha sido y sigue siendo desde mediados del siglo pasado. Buen provecho.

Viajar a las estrellas con petardos

Antes de la reflexión final, vaya por delante un planteamiento a modo de introducción:

Nuestro planeta gira alrededor del Sol, una pequeña estrella de las aproximadamente entre 200 mil millones y 400 mil millones de estrellas que conforman nuestra galaxia. Casi nada.
La estrella más cercana al Sol se encuentra en el sistema Alpha Centauri que se encuentra aproximadamente a 41,3 billones de km de ti, o dicho de otra forma, tardarías 4,37 años viajando a velocidad luz. Prepara bocata que el viaje es largo.

Ayer estuve viendo un documental titulado “Voyage to Pandora: First Interstellar Space Flight” (de la serie Cosmic Journeys de SpaceRip) en el que se habla sobre la idea de viajar desde la tierra a nuestro vecindario estelar más cercano.

Los cohetes espaciales convencionales, en esencia no difieren mucho de unos sofisticadísimos petardos: la diferencia entre ambos es que el petardo quema su combustible en un instante, y el cohete lo hace de forma controlada durante un tiempo determinado para generar empuje. Para viajar a las estrellas, estos cohetes presentan problemas gordísimos, el primero y más importante es el combustible:
Una nave necesita quemar combustible para generar empuje que mueva su propia masa. Pero en su masa se encuentra también el mismo combustible, o sea que una nave espacial quema combustible para levantar la nave o carga útil y el combustible. A mayor peso de la nave, más combustible necesitará para moverse, y cuanto más combustible lleve, mayor será el peso, y vuelta a empezar. Qué incongruencia ¿no?.

La NASA hizo un estudio para saber si era posible o no un viaje interestelar a Alpha Centauri usando tecnología de cohetes convencional, y suponiendo que el viaje se realizara en 900 años (prepara más bocatas), una nave del tamaño del ya jubilado transbordador espacial necesitaría una increíble cantidad de combustible: 10 elevado a 137 kg.
Ahí las palabras “billones” y “trillones” son tan ínfimas en comparación que dejan de tener sentido; eso es más materia que la que hay en todo el universo visible.

Menudo baile de cifras más liante ¿no? ahora mismo tengo el cerebro quemado de tanto número y comparación. Pero me quedo con la incongruencia de la relación empuje/combustible de los motores espaciales, no me la quito de la cabeza. Es una relación exponencial; eso de mover un peso quemando otra cosa que también pesa lo suyo, y que para mover un peso más grande hace falta más de lo que quieres quemar y además lo tienes que llevar puesto sí o sí… me recuerda a algo muy de moda.
No quisiera confundir el tocino con la velocidad y no es mi intención comparar la ciencia que nos lleva a la exploración del espacio con el mundo financiero, pero cuando leo cifras sobre rescates a bancos también se me marean las neuronas. Sigo:

Cuando se rescata/nacionaliza a un banco o país se le inyecta dinero a raudales, y las cifras que se manejan también son mareantes. De hecho, cada vez son mayores. Se rescató España con 100.000 millones de € —que es un dineral que ni tenemos ni vamos a tener por mucho que nos recortemos por todas partes—. Ese dinero no viene gratis, no: viene a devolver con unos intereses que a la larga harán de esos 100.000 millones unos cuantos miles más dependiendo del tipo que se le aplique. Y por cierto, no vas a ver un chavo, ni siquiera te invitarán a una cañita por las molestias. Tó pa’ ellos.
Hace poco, Daily Telegraph rumoreaba que un rescate a España e Italia costaría 750.000 millones de euros que servirían para empujar hacia adelante un sistema financiero que murió hace mucho tiempo pero que, por lo visto, parece que hay que mantener vivo a toda costa. Por muy muerto que esté no importa; hay que mantener las apariencias y seguir bailando a pesar de que la música se parara mucho tiempo atrás. Mientras tanto, a inyectar más dinero, en cantidades cada vez más grandes, generando más deuda por los intereses, y vuelta a empezar. En una gráfica de dinero/tiempo la curva se parecería mucho a la de una función exponencial. Después de todo no soy tan bueno en matemáticas, pero ¿me equivoco por mucho?.

Insisto en que no es mi intención comparar estos dos mundos: el financiero y el de la ingeniería aeroespacial, pero plantearme una solución a esta crisis me llevaría primero a replantearme el marco de esta crisis y definir bien de qué clase de “crisis” estamos hablando (y nos meten con calzador por cualquier medio).

Si hubiera que viajar a Alpha Centauri habría que usar otros sistemas de propulsión diferentes al de los motores de cohete convencionales. Se barajan motores de propulsión iónica y otras muchas ideas factibles o de ciencia-ficción, pero todas son alternativas a un sistema que por su naturaleza es poco eficiente o ineficaz para alcanzar el objetivo deseado.

Se dice que no hay dinero para nada y para nadie mientras los grandes organismos financieros y los estados juegan a la patata caliente con cifras cada vez más astronómicas, pero no veo que hayan desaparecido los recursos materiales, ni la capacidad de trabajo de la gente y menos aún sus ganas de trabajar o sentirse útiles. Las fábricas siguen donde están, los ríos siguen llevando agua, los minerales siguen esperando a que alguien los saque (o no), y las personas siguen necesitando bienes y servicios que otras personas pueden dar o prestar.
Se pretende hacernos ver que sin dinero nada de eso tendría sentido y que el agujero que se ha hecho por dinero hay que taparlo con un dinero que cada vez viene en mayores cantidades y hará más grande el agujero. Qué incongruencia ¿no?.

Después de todo, quizá ahora no sea el momento de intentar viajar hasta Alpha Centauri y baste con quedarnos orbitando la tierra, o tengamos que dejar de depender de petardos para movernos y empezar a usar sistemas alternativos. O quizá aún necesitemos a esos petardos, pero no pretendamos usar métodos ineficaces para llegar a las estrellas.

El barrendero que cantaba a los niños

Barrendero canta todos los dias a los preescolares con Bob Esponja! 00:48 min.

¿Has visto este vídeo? en él aparece un barrendero cantando desde la calle a un montón de críos apelotonados tras la valla del colegio. Yo no tengo la suerte de ver algo así todos los días; lo veo y no puedo evitar recordar una frase que oí muchas veces cuando era pequeño y estudiante primerizo:

Como no estudies mucho, al final terminarás trabajando de barrendero.

¡Qué mal rollo daba eso! Por todas partes y en todo momento la cultura en la que estaba inmerso me repetía que tenía que estudiar para así poder tener un buen trabajo con el que ganara mucho dinero. Con ese dinero me tendría que comprar una casa grande con plaza de garaje para un coche grande y rojo, y tendría una foto finish donde también aparecían la parienta buenorra —buena madre y sumisa pero libre para ir con sus amigas a cacarear por ahí una vez por semana— y para rematar la estampa, los churumbeles de Barbie y Ken.

Ahora, algunos añitos más tarde veo este vídeo y me emociono: veo a los críos al otro lado de unos barrotes que no sé muy bien si los protegen del mundo exterior y sus peligros, o protegen al mundo exterior de sus ideas frescas y creatividad desatada.
Al otro lado aparece ese hombre con traje lima-limón; el que nos hacen pensar que no estudió de pequeño y ahora solo puede trabajar limpiando la mierda que los demás le echamos por las calles.

Aquel hombre que (en teoría) no tiene suficientes papeles con la palabra “certificado” o “diploma”, es quien se para a diario (según parece) delante de ese grupo de jovencísimas personas y les saluda efusivamente, les incita a participar en un evento tan sencillamente mágico como era aquel ¿¡cómo están usteedeees!? de Los payasos de la tele, les canta aquello que más les gusta y les hace sonreír y gritar como locos hacinados en su gran jaula con pinturas de colores, leche y galletas.

Esos críos aún no saben bien en qué país viven, ni en qué momento histórico, ni si quiera sabrían decir qué es oriente u occidente, y por ahora crecen viendo un mundo incomprensible al otro lado de unos barrotes grises… pero que a pesar de lo hostil que pueda resultar, en él habitan personas como ese señor desconocido que les canta por las mañanas y les insufla en sus pequeños y frágiles corazones una alegre sonrisa.

Pues visto esto, que le den morcilla (de heces) a la cultura que me engañó. Me prometió que el éxito era la foto finish de familia feliz sobre el verde césped que precede al porche. Esa misma cultura que me hizo pensar que ser barrendero era ser un paria y el icono del fracaso laboral.
Ya me gustaría a mí poder llegar a la suela del zapato de este buen hombre, con ese gran corazón que desde primerísima hora de la mañana reparte alegría a ese lote de personitas adoctrinadas en serie. Y todo eso mientras viste su traje de limpiar cosas sucias y malolientes y dar lustre a las calles que todos disfrutamos.

Hoy ese señor me ha alegrado el corazón con solo 48 segundos de vídeo. No me imagino lo que podrá alegrar a diario a su familia y amigos, y eso sí que es algo imposible de certificar con diplomas o comprar con dinero. Supongo que no será millonario, pero desde luego es más rico que el occidental medio-alto con su titulitis crónica y pseudo-valores de mierda.

Y que viva ese señor. Ojalá viva bien, y por mucho tiempo.

#AlaPlaza12M

Hace casi un año, después de que el mundo asistiera atónito a la Primavera Árabe, en la Puerta del Sol de Madrid convergieron diferentes movimientos ciudadanos que sentían la necesidad de exteriorizar su descontento y/o malestar por la clase dirigente (Enrique Dans lo explica mejor en su artículo Entendiendo la #spanishrevolution).

Aquellos grupos, en su afán por hacer un poco de ruido decidieron hacer piña y salir a la calle el mismo día. No esperaban mucha gente en sus respectivas protestas pero se encontraron con la gran sorpresa de que sus expectativas se vieron ampliamente superadas. De repente se vieron a no cuatro gatos, ni decenas, ni algunos cientos, sino terminaron siendo miles de personas tomando la Puerta del Sol y siendo el centro de las miradas de todos los medios de masas nacionales, internacionales y redes sociales. Ya tenían voz, eran muchos y desperdiciar toda esa energía contenida yéndose a sus casitas sería un error histórico. Decidieron acampar ahí mismo aquella noche.

3 días después la gente no se iba, seguía ahí con sus pancartas, carteles y vítores. The Washington Post timidamente le puso nombre a aquello que estaba pasando, “Spanish ‘revolution’” lo llamaron.
Se dice que no se puede temer a aquello que no tenga un nombre, ellos ya lo tenían.

En realidad, a lo largo de este último año han tenido muchos: acampados, indignados, generación perdida, perroflautas, parados, vagos… y muchos más. Dependiendo de lo afín a la clase gobernante (tanto de izquierda o de derecha) que fuera el medio, más despectivo era el calificativo. A veces sin razón ni lógica alguna, otras veces mintiendo descaradamente.
Poco importa lo que digan o cuanto intenten tergiversar los hechos, ahí están las fotos de Flickr, TwitPic e Instagram, los vídeos de YouTube, Vimeo, Dailymotion y Qik, los blogs de Blogger y WordPress o las hemerotecas.

Te invito a que investigues por tu cuenta y te fijes no solo en los grandes titulares y las fotos de portada, sino que además indagues en las redes sociales y veas las fotos de las miles de personas que ahí estuvieron y las fotos y vídeos que ahí mismo se grabaron. Notarás una diferencia abismal entre el material ciudadano y las líneas editoriales; parecen dos mundo completamente distintos. Quédate con la realidad que más te guste.

Después de aquella #acampadaSol llegaron las asambleas en los barrios, y más tarde en otras ciudades, y luego en otros países… y resultó que los 4 gatos que empezaron a protestar en la Puerta del Sol no fueron más que un nodo en la intrincada línea histórica que se puede trazar desde Mohammed Bouazizi (hay quien dice que desde antes incluso), pasando por Occupy Wall Street, las protestas en Grecia y su Dimitris Christoulas, hasta el día de hoy.

Esto de salir a la calle a protestar no es cosa de jóvenes desencantados (que también) sino un clamor global sin precedentes que trasciende fronteras, religiones, edades y oficios. No es mi movimiento, pero me considero parte de él porque -entre muchas otras cosas- pide un cambio a un mundo mejor, porque es posible y porque lo debemos perseguir entre todos.

Si solo te informas mediante periódicos y telediarios habrá miles de matices que desconozcas. Si solo lees un periódico y/o solo ves un telediario, me apuesto un pie a que tu imagen de España, Europa y “los mercados” está distorsionada y no concuerda con la realidad. El acceso a la información es un derecho, pero olvidamos que estar bien informado es un deber individual y requiere tiempo.

Todo lo que has trabajado para cotizar no te va a servir para obtener la jubilación que mereces, o que tampoco te servirá para que en caso de que no goces de buena salud la seguridad social no se haga cargo de tu bienestar, o que investigaciones para tratar el cáncer o alzheimer se están cancelando ahora mismo por falta de presupuesto, o que tus hijos y los de tus amigos y vecinos no tendrán una educación mínimamente aceptable que les permita desarrollarse personal y profesionalmente en un marco digno de la Europa del siglo XXI.

Si te dijera todo eso ¿me creerías? Quizá no porque suena muy fuerte e irreal, pero está empezando a ocurrir. El momento de parar los pies a quienes se forran a nuestra cuenta ya no es ahora porque fue hace mucho tiempo (podría decirte que empezó con Milton Friedman y la escuela de Chicago, pero parece que la cosa viene de mucho atrás).

Aquel momento ya pasó, pero sus consecuencias las seguimos sufriendo en nuestras casas y en nuestro entorno hoy en día. Y da la casualidad de que aún podemos salir a la calle, aunque sea en silencio, pero salir y estar ahí y sumar uno al gentío que está moviendo conciencias para promover cambios globales hacia un mundo más justo.

Es un momento crucial en el que se nos están quitando libertades ganadas a sangre y fuego por nuestros mayores mientras distraen nuestra atención con partidos de fútbol y Gran Hermano. Es el viejo truco de los trileros, el truco de magia más antiguo del mundo: llevar tu atención a una mano mientras con la otra te hacen la trampa. Panem et circenses.

El próximo 12 de mayo, en conmemoración del primer aniversario del llamado movimiento 15M se esperan movilizaciones ciudadanas para dar constancia de que el movimiento sigue, aunque sea fuera de las primeras planas de los medios de comunicación de masas.

Es nuestro momento y nuestra la responsabilidad de hacerlo bien. Nuestro poder reside en el número, en la masa de población que pacíficamente pide lo que por derecho humano le corresponde. No servirán los gritos, no servirá el alboroto, no servirá el fuego, ni tampoco la sangre.

Quizá salgas a la calle y las fuerzas de seguridad intenten disuadirte, o disolverte, o incluso es posible que te agredan o te detengan. Si no es a ti probablemente se lo hagan a la persona que tienes al lado o la que corría unos metros por detrás de ti. Ojalá no ocurra, pero a juzgar por los hechos acontecidos en el último año es algo que podemos llegar a esperar en algunas partes de España.

Las fuerzas de seguridad están para protegerte, recuérdalo. Son personas que en última instancia están cumpliendo órdenes de sus superiores políticos, pero eligieron ese trabajo por su gran sentido de la justicia y la protección a la ciudadanía. Es una difícil labor, es muy sacrificada y merecen su reconocimiento.

No luches contra las fuerzas de seguridad, aparte de que es una batalla perdida, no es el camino que debemos seguir. Por mucho que se te revuelvan las entrañas cuando veas algo así deberás tomar precauciones. Si tienes la mala fortuna de sufrir algún abuso de autoridad o agresión toma las medidas legales pertinentes.

Los gobiernos no temen a la sangre pero sí a la tinta. Cada cámara es un testigo para la posteridad, y cada teléfono móvil moderno tiene una. Tienes derecho a grabar todo lo que ocurra, si tienes la oportunidad de hacerlo es conveniente que sepas cómo hacerlo correctamente.

Si decides tomar parte activa en las manifestaciones, esta guía de no violencia para las acciones del aniversario 15M te vendrá muy bien. Si prefieres quedarte en casa o acudir a tu puesto de trabajo, o simplemente no puedes ir por problemas de movilidad también podrás aportar tu granito de arena: puedes dejar el Wi-Fi de tu casa o establecimiento abierto para que cualquiera que necesite publicar algo en Internet pueda hacerlo en el momento, o si dispones de unas vistas privilegiadas de cada manifestación puedes emitir vídeo en directo por Internet.

Vivimos un momento crucial en la historia de occidente y me atrevería a decir que en toda la historia. Podemos avanzar o retroceder. Yo prefiero avanzar, siempre lo he preferido. Pero en nuestras manos hay en juego asuntos de suma delicadeza y debemos gestionarlos de la manera más coherente que podamos.

Puedes venir conmigo y otros millones de personas repartidas por todo el globo para entre todos conseguir un mundo más justo, o taparte los ojos y oídos y quedarte en tu burbuja de desconocimiento inducido.

Si lo consideras oportuno reenvía este email a quien consideres digno de esta información, pero con mayor motivo a quien no tenga ni idea de lo que aquí hablo. Lo dejo en tu mano.

Yo el próximo 12 de mayo voy a salir a la calle. Por mí, por mi futuro, por el tuyo y el de tu descendencia.

Muchas gracias por tu atención.

P.D.: Siempre he pasado de la política, de hecho me considero apolítico. Este en correo no es mi intención transmitir ideal político alguno. Me animé a redactar este texto y toda esta información visto el desconocimiento general de mis círculos sociales con la intención de informar más exhaustivamente sobre el asunto del 15M y movimientos afines, exponer mi postura al respecto y mostrar aportaciones y acciones individuales. Nunca un llamamiento al desorden público o la exaltación de ninguna clase de ideales.

P.P.D.:He procurado basar mis argumentos en hechos contrastables, no en opiniones subjetivas. Puedes perfectamente estar en desacuerdo conmigo. Si consideras que me equivoco en alguno de mis argumentos te agradeceré infinitamente que me abras los ojos.