Ciencia hecha poesía

El ver que las propias moléculas que forman nuestro cuerpo, que los átomos que forman las moléculas son rastreables hasta el crisol. Que en un tiempo fueron los núcleos de las estrellas masivas que expulsaron sus vísceras químicamente ricas a la galaxia, enriqueciendo las inmaculadas nubes de gas con la química de la vida. Y que por tanto: todos estamos ligados unos a otros biológicamente, a la tierra químicamente, y al resto del universo atómicamente.
Es algo estupendo. Me hace sonreír. Y después de todo eso me siento importante, no porque seamos mejores que el universo, sino por ser parte de él. Estamos en el universo y el universo está en nosotros.

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