Cara o cruz

Primer acto: Cambio de vida.

No se puede decir que mi vida en los últimos dos años haya sido mala; todo lo contrario, no ha habido ningún tipo de problema con mi familia ni mis amistades. Algo por lo que me cosidero afortunado, ya que fin y al cabo son lo más importante que uno puede tener.
Es más, estos dos últimos años han sido de lo mejorcito de todos los 26 que llevo a mis espaldas: con sus cosas buena y malas, pero el balance final era positivo, muy cercano al ideal de felicidad… pero por desgracia algo fallaba.

Poste de un cruce de caminos

Yo tengo unos planes para mí; planes que no podré llevar a cabo sin dinero, y para ello hace falta un trabajo que durante el último año no conseguía por mucho que me esforzara.

Yo no he nacido para ser camarero u obrero. Son profesiones respetables y dignas como cualquier otra pero que por mis limitaciones físicas no podría desempeñar exitosamente.
Son solamente dos entre muchas otras profesiones: pianista, guitarrista, batería, prestidigitador, intérprete del lenguaje de signos, peluquero, violinista, bombero, o astronauta (sin duda esta última la que más me duele).

Por suerte fui dotado con el don del buen gusto visual, y resulta que hoy en día se puede vivir del Diseño Gráfico y Web. Sabiendo eso me volqué de lleno (aunque no exclusivamente) en estas dos disciplinas para labrarme un buen futuro laboral inmediato.

Así pues en un plazo de 5 años conseguí un currículum vitae bastante completo, más que aceptable, uno de los buenos. No me gusta fardar, pero si dijera lo contrario mentiría. Lo mío me costó.

Me esforcé tanto teniendo siempre muy presente mis dificultades para trabajar “de lo que sea”. O era bueno en lo mío o nunca podría optar a un trabajo que no fuera mediocre o incluso explotador.

Lo curioso es que me gustaba lo que estudiaba y eso más tarde se traduciría en gozar de mi trabajo, uno muy bueno que conseguí después de realizar varias prácticas.

Fue un trabajo que duró dos años y medio, y que de la noche a la mañana terminó porque prescindieron de mis servicios.
Decir que me despidieron suena muy feo teniendo en cuenta las maneras tan buenas con las que procedieron: con alfombra roja e invitándome a salir como auténticos caballeros. Maneras inusuales en esta situación económica tan asquerosa en la que vivimos.

Después de aquello hice dos viajes inolvidables en todos sus matices que quedarán para la historia. Y después, meses de inactividad laboral cotizable.

Durante el tiempo en el que no tuve un contrato laboral no perdí ni un sólo segundo de mi preciado tiempo: hice cursillos, rediseñé completamente mi página Web y la convertí en un sitio donde converge toda mi actividad online, también hice un portafolio enseñando algunos de mis mejores trabajos de los últimos 5 años, diseñé un currículum vítae a la altura de mis habilidades y conocimientos adquiridos en diversos trabajos, e hice un par de favores.

Vamos, que me lo curré mucho mientras estaba en paro.

Estaba apuntado en numerosos sitios de búsqueda de empleo de mi sector. Todos los días revisaba con mi ojo izquierdo un mínimo de 8 emails con ofertas de trabajo mientras tenía mi ojo derecho al tanto de cualquier cosa que ocurriera en Twitter.

Casi todos los trabajos que aparecían requerían que me moviera a otras partes del país, con unos sueldos y unas condiciones que si las viera el ministro de trabajo… bueno, le seguirían dando igual.
Otras ofertas de trabajo que sí entraban dentro de unos parámetros mínimamente aceptables (sin pretender cobrar más que lo estipulado por ley y cotizando a la seguridad social) recibían una copia de mi flamante currículum… y ahí se quedaba la cosa, ni respondían.

…Y así un día tras otro, durante semanas, meses, eternos ellos.

Paisaje desolador

Yo me considero una persona que tira para adelante siempre, a veces con más fuerza y ganas que otras, pero nunca retrocedo. Ni un paso, ni para coger impulso. Para bien o para mal, pero siempre, siempre hacia adelante, hacia un futuro mejor para mí.

Pero esta situación empezaba a desesperarme, a desilusionarme, a quitarme las ganas de seguir con esa rutina desesperanzadora.
Por suerte las maravillosas personas que conforman mis círculos sociales nunca dejaron que me viniera abajo: cada cual aportaba lo que podía o mejor sabía, una sonrisa, una palmada en la espalda, un abrazo, un empujón o una bronca.

Si he sido feliz durante ese tiempo se lo debo a todas y cada una de esas personas que tanto bien han hecho por y para mí.

(Por cierto, si eres alguna de esas personas que entre 2009 y 2010 compartió conmigo una sonrisa, una carcajada, una comida, una cena, una tarde, una noche, unos días o un momento: date por aludid@ y por abrazad@ de todo corazón).

Fueron meses agridulces en los que vivía una rutina de desesperación por no poder realizarme profesionalmente y una alegría infinita por poder disfrutar de compañías tan agradables, especiales y únicas.

Boomerang

Un buen día uno de las decenas de currículum vítae que envié vino de vuelta con una oferta de trabajo irresistible… en Alemania.

Por fin la búsqueda había dado fruto y podía realizarme profesionalmente en unas condiciones más que aceptables; uno de esos trabajos que merecen tanto la pena que bien valen dos años de tu vida. Pero a cambio te piden eso: tu vida.

¿Qué iba a hacer? ¿Dejar atrás mi tierra y mi gente para poder desarrollarme personal y profesionalmente, o declinar la oferta para quedarme en la seguridad de mi entorno y seguir en una situación que día a día se hacía más insostenible?.

Ambas eran decisiones difíciles, con demasiados matices como para tomarlas a la ligera. Esas decisiones que requieren horas de meditación con la almohada, con unos y con otros, con cuanta más gente mejor y así poder ver el mismo tema desde diversas perspectivas.

¿Errenteria o ‪Düsseldorf‬, cara o cruz?. Seguí a mi corazón y tomé una decisión: Düsseldorf y que sea lo que tenga que ser.

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